De la “gente bien” a la “gente de bien”

Colaboración por: Diego Fernández




México está enfermo. Para exponer esta premisa, iniciaré siendo teórico (porque es necesario), aunque el tema que ahora me compete para explayarme verbalmente le viene a mal la teoría, sino es la reflexión en torno a la realidad nacional en cuestiones sociales lo que mejor le acomoda al generar una humilde opinión. 

Yendo al grano: La filósofa, política y escritora alemana, Hannah Arendt utiliza un término curioso para referirse a lo que en castellano llamamos sencillamente “la plebe”. Arendt da a luz a este término (the mob) después de analizar a fondo la necesidad de los políticos por generar un sistema basado en el dominio territorial con objetivos que marca el complicado sistema de mercado del siglo XX. 
Indagando en su traducción al español, encontré que el Diccionario de la Real Academia Española, dispone de tres significados para definir el vocablo plebe. Aquí el trío de concepciones válidas en la Lengua Española:
1) Clase social más baja.
2) En la antigua Roma, clase social que carecía de los privilegios de los patricios.
3) En el pasado, clase social común, fuera de los nobles, eclesiásticos y militares.

  Como usted, lector, ya se ha dado cuenta, las tres definiciones tienen un nexo que las une pese a que la primera sólo la significa en la general; la segunda se remite a la Historia romana; y la tercera habla de un “pasado” que no deja entendido en su totalidad. Dicho elemento de unión son dos palabras: “clase social”.
Entendiendo que la clase social, a diferencia de otros estratos, la determina la línea de ingreso económico, podemos decir que la plebe se encuentra en la parte más baja de nuestra pirámide de jerarquía social, misma que se sustenta en lo que algunos llaman lana, feria, billullu, los verdes o, simple y llanamente: dinero.

Es cierto que vivimos en un Sistema de Mercado, también es una certeza que necesitamos del dinero para vivir en nuestra a veces ardua cotidianidad. El dinero no es el problema, el exceso de dinero tampoco lo es; la carencia del dinero puede traer consecuencias negativas en la vida de quien representa (y es) eso que la Economía llama “vulnerable por ingreso”. El dinero es necesario, pero cuando éste se convierte en droga, como las sustancias nocivas, puede matar neuronas.

México, desde tiempos remotos, y por remotos me refiero al año 1521, vivió una estratificación considerable con la llegada de nuevos hombres (antes creídos dioses) que construyeron (más allá de bellísimos templos, monumentos impactantes y bellas edificaciones habitacionales) una pirámide de castas que ponía en último lugar al hombre-objeto: el esclavo traído por los portugueses desde algún lugar remoto de África.

Es curioso que México esté enfermo de Historia (con mayúscula), pues, aunque usted no lo crea, seguimos cargando esa pesadísima loza histórica en nuestra espalda. La presencia de la plebe y de la realeza está en nuestro México del siglo XXI. 

El periodista, escritor y académico del CIDE, Ricardo Raphael, nos expone una clara visión sobre la desigualdad social presente en el México contemporáneo en su libro El Mirreynato. Hablar de un mirrey y de un naco conllevaría a un ensayo interminable que no se presta a la intención de este artículo, pero creo que es de suma importancia saber que México, como mosaico de clases, es un claro ejemplo de la “enfermedad histórica” que puede llegar a padecer un país. Esta misma enfermedad no se encuentra en la rama de la Medicina dedicada al estudio de las enfermedades: la Patología. El tema de México, de la plebe, la gente bien, del mirrey y del naco (naco por ingreso, pues la definición es amplísima y variante) se presta más a un análisis psicoanalítico.

Siguiendo la línea del Psicoanálisis (con mayúscula), México (un individuo compuesto por 120 millones de pensamientos) es un paciente que debe recostarse en el diván. Por consecuencia, no debe sorprendernos que en este país se siga hablando de “gente bien” y de “naco” (la plebe). A estas alturas de “sobre-diagnóstico”, México ya no necesita de un psicoanalista y de un diván para vomitar sus traumas. México necesita del trabajo conjunto de un psicoterapeuta y de un psiquiatra que concuerden trabajar en conjunto con el objetivo de resolver el caso de este paciente ya diagnosticado por estudiosos de la mexicanidad. 

  Cuando escucho o leo frases como “la gente bien no tiene necesidad de robar”, pienso que el dueño de esta afirmación tiene un severo problema de percepción ante la realidad nacional. Entendamos que “la gente bien” es un grupo de individuos cuyas necesidades económicas (culturales y, por consecuencia, naturales) están satisfechas casi en su totalidad, misma razón que les brinda un complejo de superioridad. La cantidad de números que pueda tener un cuentahabiente en una banca múltiple no determina que éste sea “gente bien”, hay personas millonarias que son “gente de bien” (una preposición nos cambia el significado: Bendito sea el lenguaje) y gente vulnerable y pobre que también es “gente de bien”. El robo no lo determina el ingreso, lo determina la Moral y su aplicación en la vida diaria.

El dinero no proporciona los valores, por el contrario, son la vida, la experiencia y la sabiduría la que nos llevan a adquirir eso que algunos expertos en el tema catalogan como virtudes humanas que se traducen a valores. 

La discriminación genera prejuicios. Los seres humanos somos mejorables por el simple hecho de errar en nuestro actuar. Para mejorar es necesaria la autocrítica. 
México le teme a la autocrítica, como medio de autodefensa, crea y dice palabras que confunden. México crea nombres que discriminan, construye prejuicios que asesinan, avienta comentarios que destruyen. México habla mucho y actúa poco. La plebe de Arendt es una realidad que está ante nuestros ojos. El mirrey de Ricardo Raphael también está presente en la realidad de nuestro país. 

Este Estado comenzará a caminar cuando su elemento humano deje de hablar de la “plebe” en términos peyorativos, valorando al ser humano por lo que es, no por lo que aparenta a simple vista, no por lo que posee en la cartera, en el monedero o en la cuenta bancaria. Este país dará pasos firmes cuando tengamos la noción de lo que es la dignidad ontológica. Este país comenzará a dar pasos firmes cuando se deje de hablar de “gente bien” y se comience a hablar de “gente de bien”. 

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